Érase una vez, en la cumbre de una montaña, tres pequeños árboles amigos que soñaban en grande sobre lo que el futuro deparaba para ellos.
El primer arbolito miró hacia las estrellas y dijo: "Yo quiero guardar tesoros. Quiero estar repleto de oro y ser llenado de piedras preciosas. Yo seré el baúl de tesoros mas hermoso del mundo".
El segundo arbolito observó un pequeño arroyo en sus camino hacia el mar y dijo: "Yo quiero viajar a través de mares inmensos y llevar a reyes poderosos sobre mi. Yo seré el barco mas importante del mundo".
El tercer arbolito miró hacia el valle y vio a hombres agobiados de tantos infortunios, fruto de sus pecados y dijo: "Yo no quiero jamas dejar la cima de la montaña. Quiero crecer tan alto que cuando la gente del pueblo se detenga a mirarme, levantarán su mirada al cielo y pensaran en Dios. Yo seré el árbol mas alto del mundo".
Los años pasaron. Llovió, brilló el sol y los pequeños árboles se convirtieron en majestuosos cedros. Un día, tres leñadores subieron a la cumbre de la montaña. El primer leñador miró al primer árbol y dijo: "¡Qué árbol tan hermoso!", y con la arremetida de su brillante hacha el primer árbol cayó. "Ahora me deberán convertir en un baúl hermoso, voy a contener tesoros maravillosos", dijo el primer árbol.
Historias para pensar y reflexionar sobre la vida, los sentimientos y el prójimo
Mostrando entradas con la etiqueta Esperanza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Esperanza. Mostrar todas las entradas
El verdadero culpable
En Barga (Italia) recrudecía la guerra. Una mujer del pueblo se prodigaba en innumerables obras de caridad. Le hicieron notar que podía caer en las garras de los alemanes. Continuó, no obstante. Los partidarios de Hitler la capturaron y la llevaron a Lucca. La metieron en la cárcel, la maltrataron y torturaron, sometiéndola después a un apremiante interrogatorio.
- ¿Es cierto que albergaba a muchas personas en su casa?
- Si
- ¿Eran ingleses enemigos?
- Eran todos hermanos míos.
- ¿Hermanos? ¿Que uniforme llevaban?
- ¿Es cierto que albergaba a muchas personas en su casa?
- Si
- ¿Eran ingleses enemigos?
- Eran todos hermanos míos.
- ¿Hermanos? ¿Que uniforme llevaban?
El cirujano que encontró a Jesus en el corazón de un niño
Mañana en la mañana abriré tu corazón le explicaba el cirujano a un niño. Y el niño interrumpió: -¿Usted encontrará a Jesús allí?
El cirujano se quedó mirándole, y continuó: -Cortaré una pared de tu corazón para ver el daño completo.
El cirujano se quedó mirándole, y continuó: -Cortaré una pared de tu corazón para ver el daño completo.
Pero cuando abra mi corazón, ¿encontrará a Jesús ahí?, volvió a interrumpir el niño.
El cirujano se volvió hacia los padres, quienes estaban sentados tranquilamente. Cuando haya visto todo el daño allí, planearemos lo que sigue, ya con tu corazón abierto.
Pero, ¿usted encontrará a Jesús en mi corazón? La Biblia bien claro dice que Él vive allí. Las alabanzas todas dicen que Él vive allí....
¡Entonces usted lo encontrará en mi corazón!
El cirujano pensó que era suficiente y le explicó:
El cirujano se volvió hacia los padres, quienes estaban sentados tranquilamente. Cuando haya visto todo el daño allí, planearemos lo que sigue, ya con tu corazón abierto.
Pero, ¿usted encontrará a Jesús en mi corazón? La Biblia bien claro dice que Él vive allí. Las alabanzas todas dicen que Él vive allí....
¡Entonces usted lo encontrará en mi corazón!
El cirujano pensó que era suficiente y le explicó:
Mi cruz es demasiado pesada
Un joven ya no daba más con sus problemas. Cayó de rodillas, rezando,
- "Señor, no puedo seguir. Mi cruz es demasiado pesada".
El Señor, como siempre, acudió a su oración y le contestó,
- "Hijo mío, si no puedes llevar el peso de tu cruz, déjala dentro de esa habitación. Después, abre esa otra puerta y escoge la cruz que tú quieras".
El joven suspiró aliviado.
- "Señor, no puedo seguir. Mi cruz es demasiado pesada".
El Señor, como siempre, acudió a su oración y le contestó,
- "Hijo mío, si no puedes llevar el peso de tu cruz, déjala dentro de esa habitación. Después, abre esa otra puerta y escoge la cruz que tú quieras".
El joven suspiró aliviado.
Que tu vida esté llena de...
Entusiasmo: Para ver hacia adelante.
Felicidad: Para mantenerte dulce.
Problemas: Para mantenerte fuerte.
Penas: Para mantenerte humano.
Esperanza: Para mantenerte feliz.
Felicidad: Para mantenerte dulce.
Problemas: Para mantenerte fuerte.
Penas: Para mantenerte humano.
Esperanza: Para mantenerte feliz.
El sabio Ahmed
Un viejo árabe que vivía en los EE.UU., cerca del Pentágono desde hacía 40 años, quería plantar papas en su jardín, pero arar la tierra ya era un trabajo muy pesado para él.
Su único hijo Ahmed, estaba estudiando en Francia y el viejo decidió mandarle un mensaje por correo electrónico explicándole el problema:
-Querido Ahmed: Me siento mal porque no voy a poder plantar mi jardín con papas este año. Estoy muy viejo para trabajar la tierra... Si tú estuvieras aquí, sé que darías vuelta la tierra por mí. Qué Alá esté contigo. Te quiere, papá.
Pocos días después recibió un correo electrónico de su hijo:
Su único hijo Ahmed, estaba estudiando en Francia y el viejo decidió mandarle un mensaje por correo electrónico explicándole el problema:
-Querido Ahmed: Me siento mal porque no voy a poder plantar mi jardín con papas este año. Estoy muy viejo para trabajar la tierra... Si tú estuvieras aquí, sé que darías vuelta la tierra por mí. Qué Alá esté contigo. Te quiere, papá.
Pocos días después recibió un correo electrónico de su hijo:
Sentencia de divorcio
-Señor Juez, yo creo que es cierto. Así que voy a aceptar la sentencia de divorcio sin ninguna obligación de parte de mi marido hacia mí. Después de todo, yo podría haber sido una mujer profesional e independiente.
-¿Y por qué usted no se convirtió en una mujer profesional e independiente? ¿Hay alguna razón que se lo impidiera? Le preguntó el juez.
-Realmente, Señor Juez, no había ninguna, fueron decisiones tomadas por mí voluntariamente.
-¿Puede ser más explícita y enumerarme las razones que alega?
-Bueno, cuando me casé, yo acababa de graduarme de la secundaria. Mi intención había sido estudiar enfermería, pero no había dinero para pagar los gastos de dos personas estudiando, así que yo le dije a mi esposo que estudiara él y que luego lo haría yo.
-Bien, ¿y qué pasó cuando él se graduó de ingeniero, por qué no estudió usted entonces?
-Pues verá, él me pidió que tuviéramos un hijo, ya que llevábamos cinco años casados y yo accedí a sus deseos.
-¿Y qué pasó después?
-¿Y por qué usted no se convirtió en una mujer profesional e independiente? ¿Hay alguna razón que se lo impidiera? Le preguntó el juez.
-Realmente, Señor Juez, no había ninguna, fueron decisiones tomadas por mí voluntariamente.
-¿Puede ser más explícita y enumerarme las razones que alega?
-Bueno, cuando me casé, yo acababa de graduarme de la secundaria. Mi intención había sido estudiar enfermería, pero no había dinero para pagar los gastos de dos personas estudiando, así que yo le dije a mi esposo que estudiara él y que luego lo haría yo.
-Bien, ¿y qué pasó cuando él se graduó de ingeniero, por qué no estudió usted entonces?
-Pues verá, él me pidió que tuviéramos un hijo, ya que llevábamos cinco años casados y yo accedí a sus deseos.
-¿Y qué pasó después?
El mantel
Un sacerdote, recibió como su primer encargo ministerial, la misión de reabrir una iglesia en el barrio de Brooklyn, New York. Cuando llegó se encontró con un edificio que estaba en pésimas condiciones y que requería mucho trabajo de restauración. De todas maneras, se propuso como meta tener todo listo a tiempo para oficiar su primer servicio en Nochebuena. Trabajó arduamente, reparando los bancos, arreglando las paredes, pintando, etc., y una semana antes de Navidad ya casi había concluido con los trabajos.
El 19 de diciembre se desató una terrible tempestad que azotó la ciudad por dos días y cuando el sacerdote fue a ver la iglesia, vio con tristeza que el agua se había filtrado a través del techo, causando que un parte considerable de la pared, exactamente detrás del púlpito, estuviera manchada por la humedad.
No sabía que hacer, pensaba incluso en la posibilidad de suspender el oficio de Nochebuena. Preocupado y triste se fue hacia su casa, pero en el camino encontró un negocio que estaba vendiendo varios artículos con fines caritativos y decidió entrar.
El 19 de diciembre se desató una terrible tempestad que azotó la ciudad por dos días y cuando el sacerdote fue a ver la iglesia, vio con tristeza que el agua se había filtrado a través del techo, causando que un parte considerable de la pared, exactamente detrás del púlpito, estuviera manchada por la humedad.
No sabía que hacer, pensaba incluso en la posibilidad de suspender el oficio de Nochebuena. Preocupado y triste se fue hacia su casa, pero en el camino encontró un negocio que estaba vendiendo varios artículos con fines caritativos y decidió entrar.
A pesar de todo sigo apostando por la vida
A pesar de que se duermen mis sentidos por rutina.
A pesar de esta apatía que bosteza enmohecida.
A pesar de muchas broncas que quedaron escondidas.
A pesar de mis fracasos, mis pecados, mis caídas.
A pesar ya de ilusiones que están por siempre dormidas,
y de fantasmas internos prendidos de mis pupilas.
A pesar de esta apatía que bosteza enmohecida.
A pesar de muchas broncas que quedaron escondidas.
A pesar de mis fracasos, mis pecados, mis caídas.
A pesar ya de ilusiones que están por siempre dormidas,
y de fantasmas internos prendidos de mis pupilas.
El herrero
Cuenta la historia de un herrero que, después de una juventud llena de excesos, decidió entregar su alma a Dios. Durante muchos años trabajó con ahínco y practicó la caridad pero, a pesar de toda su dedicación, nada parecía salir bien en su vida.
Muy al contrario: sus problemas y deudas se acumulaban cada vez más.
Una hermosa tarde, un amigo que lo visitaba -y que se compadecía de su difícil situación- comentó:
-Es realmente muy extraño que, justamente después de que resolviste convertirte en un hombre temeroso de Dios, tu vida empezara a empeorar. Yo no deseo debilitar tu fe pero es evidente que a pesar de toda tu creencia en el mundo espiritual, nada ha mejorado.
El herrero no respondió inmediatamente: él ya había pensado eso mismo muchas veces, sin entender lo que sucedía en su vida.
Sin embargo, como no quería dejar a su amigo sin respuesta, empezó a hablar y terminó encontrando la explicación que buscaba. He aquí lo que dijo el herrero:
Muy al contrario: sus problemas y deudas se acumulaban cada vez más.
Una hermosa tarde, un amigo que lo visitaba -y que se compadecía de su difícil situación- comentó:
-Es realmente muy extraño que, justamente después de que resolviste convertirte en un hombre temeroso de Dios, tu vida empezara a empeorar. Yo no deseo debilitar tu fe pero es evidente que a pesar de toda tu creencia en el mundo espiritual, nada ha mejorado.
El herrero no respondió inmediatamente: él ya había pensado eso mismo muchas veces, sin entender lo que sucedía en su vida.
Sin embargo, como no quería dejar a su amigo sin respuesta, empezó a hablar y terminó encontrando la explicación que buscaba. He aquí lo que dijo el herrero:
La silla
La hija de un hombre le pidió al sacerdote que fuera a su casa a hacer una oración para su padre que estaba muy enfermo. Cuando el sacerdote llegó a la habitación del enfermo, encontró a este hombre en su cama con la cabeza alzada por un par de almohadas. Había una silla al lado de su cama, por lo que el sacerdote asumió que el hombre sabía que vendría a verlo.
- "Supongo que me estaba esperando", le dijo.
- "No, ¿quién es usted?", dijo el hombre.
- "Soy el sacerdote que su hija llamó para que orase con usted. Cuando vi la silla vacía al lado de su cama supuse que usted sabía que yo iba a venir a verlo".
- "Oh sí, la silla", dijo el hombre enfermo. "¿Le importa cerrar la puerta?".
- "Supongo que me estaba esperando", le dijo.
- "No, ¿quién es usted?", dijo el hombre.
- "Soy el sacerdote que su hija llamó para que orase con usted. Cuando vi la silla vacía al lado de su cama supuse que usted sabía que yo iba a venir a verlo".
- "Oh sí, la silla", dijo el hombre enfermo. "¿Le importa cerrar la puerta?".
La botella
Un hombre estaba perdido en el desierto, destinado a morir de sed. Por suerte, llegó a una cabaña vieja, desmoronada sin ventanas, sin techo. El hombre anduvo por ahí y se encontró con una pequeña sombra donde acomodarse para protegerse del calor y el sol del desierto. Mirando a su alrededor, vio una vieja bomba de agua, toda oxidada. Se arrastró hacia allí, tomó la manivela y comenzó a bombear, a bombear y a bombear sin parar, pero nada sucedía. Desilusionado, cayó postrado hacia atrás, y entonces notó que a su lado había una botella vieja. La miró, la limpió de todo el polvo que la cubría, y pudo leer que decía: "Usted necesita primero preparar la bomba con toda el agua que contiene esta botella mi amigo, después, por favor tenga la gentileza de llenarla nuevamente antes de marchar".
Las cuatro velas
Cuatro Velas se estaban consumiendo lentamente
El ambiente estaba tan silencioso que se podía oír el diálogo entre ellas.
La primera dijo:
— ¡Yo Soy la Paz! A pesar de mi Luz, las personas no consiguen mantenerme encendida.
Y disminuyendo su llama, se apagó totalmente.
La segunda dijo:
— ¡Yo me llamo Fe! Infelizmente soy superflua para las personas, porque ellas no quieren saber de Dios, por eso no tiene sentido continuar quemándome.
El ambiente estaba tan silencioso que se podía oír el diálogo entre ellas.
La primera dijo:
— ¡Yo Soy la Paz! A pesar de mi Luz, las personas no consiguen mantenerme encendida.
Y disminuyendo su llama, se apagó totalmente.
La segunda dijo:
— ¡Yo me llamo Fe! Infelizmente soy superflua para las personas, porque ellas no quieren saber de Dios, por eso no tiene sentido continuar quemándome.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)