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Mi madre, mi mejor amiga

Dos amigos se encontraban tomando un café, y uno le comenta en tono de queja al otro:

- Mi mamá me llama mucho por teléfono a la oficina y solo para pedirme que vaya a conversar con ella, siempre la misma queja, que se siente sola; la verdad yo voy poco y en ocasiones siento que me molesta su forma de ser.

- Ya sabes como son los viejos: Cuentan las mismas cosas una y otra vez y sin mencionar de los achaques que estrena cada día; y bueno, como tu sabes nunca me faltan los compromisos:
Que el trabajo, que los amigos, la Asociación... En fin sabes como es, No?......

El otro amigo se queda callado, y luego responde:

El hijo preferido

Cierta vez preguntaron a una madre cuál era su hijo preferido, aquel que ella más amaba.

Y ella, dejando entrever una sonrisa, respondió: Nada es más voluble que un corazón de madre.

Y, como madre, le respondo: el hijo predilecto, aquél a quien me dedico de cuerpo y alma...

- Es mi hijo enfermo, hasta que sane.

- El que partió, hasta que vuelva.

- El que está cansado, hasta que descanse.

- El que está con hambre, hasta que se alimente.

Verdadero amor

Un famoso maestro se encontro frente a un grupo de jovenes que estaban en contra del matrimonio. Los muchachos argumentaban que el romanticismo constituye el verdadero sustento de las parejas y que es preferible acabar con la relacion cuando este se apaga en lugar de entrar a la hueca monotonia del matrimonio. El maestro les dijo que respetaba su opinión, pero les relató lo siguiente: Mis padres vivieron 55 anos casados.

Una mañana mi mamá bajaba las escaleras para prepararle a papá el desayuno y sufrió un infarto.

Mi padre la alcanzo, la levantó como pudo y casi a rastras la subió a la camioneta. A toda velocidad, rebasando, sin respetar los altos, condujo hasta el hospital. Cuando llego, por desgracia, ya había fallecido.

Durante el sepelio, mi padre no hablo, su mirada estaba perdida, casi no lloró. Esa noche sus hijos nos reunimos con él. En un ambiente de dolor y nostalgia recordamos hermosas anécdotas.

Consejos

1. Desaparece de tu mente todos los números no-esenciales. Esto incluye tu Edad, Peso y Altura. Deja que tu médico se preocupe por ellos, para eso le pagas.

2. Mantén solo amigos alegres. Los cascarrabias te detienen, si realmente necesitas uno, probablemente tengas un miembro de tu familia que pueda llenar esa necesidad.

3. Continua aprendiendo. Aprende más sobre la Computadora, Manualidades, Jardinería, lo que sea... Nunca dejes al cerebro ocioso, un cerebro ocioso es morada del demonio... y el nombre de ese demonio es Alzheimer.

4. Disfruta las cosas simples. Cuando tus hijos son pequeños, son pocos lujos los que te puedes dar. Cuando están en la Universidad, son pocos lujos los que te puedes dar. Cuando se han ido y estas retirado, son pocos lujos los que te puedes dar.

Madre e hijo

Cuando pasen en mí más años, y en apariencia ya no sea la misma, y me vuelva torpe en mis movimientos, tenme paciencia:

Recuerda las horas que pasé enseñándote a hacer las mismas cosas que hoy yo no puedo resolver sola...

Cuando me veas perdida frente a toda la tecnología que me cuesta tanto entender, dedícame tu tiempo, recuerda que fui yo quien te enseñó las cosas más simples para enfrentar la vida...

Si te repito las mismas historias, aunque sepas ya el final, escúchame...

Cuida a tu pareja

Voy a decirte algo que seguramente te va a molestar y cuanto más te lo explique, más te molestará. Muchas veces cuidamos más lo que ya tenemos seguro, que lo que podemos perder.
Por ejemplo: Si te digo que no cuides tanto a tu familia, pero que cuides más a tu pareja, ¿te vas a sorprender?
-¿Cómo que no cuide a mi familia? ¡Es mi familia!
-Si, pero tu familia, está segura, nunca se va a perder.
¿Has escuchado decir a alguien «por allí va mi ex hijo, o mi ex padre»?
Seguro que no, pero si habrás escuchado a alguien decir «por allí va mi ex esposo/a, o mi ex novio/a»
Tus padres, hijos y hermanos, que son tu familia directa, no hay, ni puede haber «ex» Son lo más seguro que tienes y estarán allí siempre, por mucho tiempo que tarden en escribirse o hablarse, ellos son tu familia para siempre.
Tu no puedes decir «ellos fueron mi padre y mi madre o ese fue mi hermano» No, ellos fueron, son y serán tus padres y tu hermano para siempre.

Charcos de lodo

Cuando veo esas plantas llamadas dientes de león... Yo veo hierba dañina invadiendo mi patio...
Mis hijos, ven flores para regalarme y soplan la pelusa blanca pensando en un deseo.

Cuando un mendigo me sonríe... veo a una persona sucia que probablemente quiere que le dé algo de dinero y eso me incomoda...
Mis hijos ven a alguien que les sonríe y ellos responden con otra sonrisa.

Cuando oigo música, me siento y escucho porque no sé cantar y no tengo ritmo...
Mis hijos cantan, bailan y si no saben la letra, se la inventan.

Cuando siento un fuerte viento en mi rostro despeinándome y empujándome hacia atrás, lo resisto con todas mis fuerzas...

Familia

Tropecé con un extraño que pasaba y le dije “perdón”.
Él contestó “discúlpeme por favor; no la vi...”
Fuimos muy educados, seguimos nuestro camino, nos despedimos.

Más tarde, al estar cocinando, estaba mi hijo muy cerca de mí. Al darme vuelta casi lo golpeo, "¡Quítate!" le grité; él se retiró dolido, sin que yo notara lo duro que le hablé.

Estando todavía despierta al acostarme, Dios me dijo suavemente: "Trataste al extraño cortesmente. Pero abusaste del niño que amas.
Ve a la cocina y encontrarás unas flores en el piso, cerca de la puerta.
Son las flores que cortó y te trajo, rosa, amarilla y azul. Estaba calladito para darte la sorpresa y no viste las lágrimas que llenaron sus ojos."

Bienes invisibles

Una historia que nos enseña que lo material no es la felicidad.

Tomás es un chico de 7 años que vive con su mamá, una pobre costurera, en su solo cuarto, en una pequeña ciudad del norte de Escocia. La víspera de Navidad, en su cama, el chico espera, ansioso, la venida de Papá Noel. Según la costumbre de su país, ha colocado en la chimenea una gran media de lana, esperando encontrarla a la mañana siguiente llena de regalos.

Pero su mamá sabe que no habrá regalos de Navidad para Tomás por su falta de dinero. Para evitar su desilusión, le explica que hay bienes visibles que se compran con dinero, y bienes invisibles que no se compran, ni se venden ni se ven, pero que lo hacen a uno muy feliz, como el cariño de la mamá, por ejemplo.

Papá, ¿cuánto ganas?

La noche había caído ya. Sin embargo, un pequeño hacía grandes esfuerzos por no quedarse dormido; el motivo bien valía la pena: estaba esperando a su papá.

Los traviesos ojos iban cayendo pesadamente, cuando se abrió la puerta; el niño se incorporó como impulsado por un resorte, y soltó la pregunta que lo tenía tan inquieto:

-Papi, ¿cuánto ganas por hora? –dijo con ojos muy abiertos.

El padre, molesto y cansado, fue tajante en su respuesta:

-Mira hijo, eso ni siquiera tu madre lo sabe, no me molestes y vuelve a dormir, que ya es muy tarde.

-Si papi, sólo dime, ¿cuánto te pagan por una hora de trabajo? –reiteró suplicante el niño.

El árbol de manzanas

Hace mucho tiempo existía un enorme árbol de manzanas. Un pequeño niño lo amaba mucho y todos los días jugaba alrededor de él. Trepaba al árbol hasta el tope y el le daba sombra. El amaba al árbol y el árbol amaba al niño.

Pasó el tiempo y el pequeño niño creció y el nunca más volvió a jugar alrededor del enorme árbol. Un día el muchacho regresó al árbol y escuchó que el árbol le dijo triste:

-¿Vienes a jugar conmigo?

Pero el muchacho contestó:
-Ya no soy el niño de antes que jugaba alrededor de enormes árboles. Lo que ahora quiero son juguetes y necesito dinero para comprarlos.

-Lo siento -dijo el árbol-, pero no tengo dinero... Te sugiero que tomes todas mis manzanas y las vendas. De esta manera tú obtendrás el dinero para tus juguetes.