Cierta vez, un hombre descontento tuvo un naufragio y fue a parar en una isla desierta. Vivió allí durante cinco años, y durante ese tiempo no pasó ningún barco.
Construyó allí una pequeña choza pero, conforme comenzó a vivir allí, ansiaba también continuamente estar en el mundo que antes vivía. Sin embargo, como todo era tan pacífico, como nunca había pensado, el lugar colmaba sus expectativas de paz. Nunca había sabido, ni siquiera imaginado, que existía una paz tal. Pero como la isla estaba completamente desierta, el hecho de que no había nadie, comenzó a ser el único problema, de lo contrario, todo hubiera sido perfecto.
Las corrientes de las aguas eran bellas, como en las islas exóticas del mundo, los árboles estaban llenos de fruta; podía comer, podía descansar; no había ninguna preocupación, nadie de quien preocuparse, nadie que trajera problemas. Y él, que siempre había pensado que algún día le gustaría vivir en un lugar tranquilo, todo armónico, lleno de paz, ¡de repente sintió que se encontraba en el lugar más anhelado! Pero era insoportable, debido al silencio.