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El hijo más sagaz

Una historia de Etiopía nos presenta a un anciano que, en su lecho de muerte, llamó a sus tres hijos y les dijo:

- No puedo dividir en tres los que poseo. Eso dejaría muy pocos bienes a cada uno de vosotros. He decidido dar todo lo que tengo, como herencia, al que se muestre más hábil, más inteligente, más astuto, más sagaz. Dicho de otra forma, a mi mejor hijo.

He dejado encima de la mesa una moneda para cada uno de vosotros. Tomadla. 

El hijo, llamado el Tonto

Un labrador tenía tres hijos. Los dos mayores se consideraban inteligentes y se dedicaban a la caza y al cuidado de caballos. El menor, en cambio, a quien le decían el Tonto, cuidaba los campos de su padre.

Un día circuló por la zona un pregón real anunciando que la princesa otorgaría su mano a quien supiese contestar con soltura unas preguntas que ella hiciera. Habiendo escuchado el anuncio, de inmediato, los dos hermanos mayores, tomaron la decisión de probar suerte. Pidieron permiso a su padre para dirigirse al palacio real. El padre, confiando en sus hijos y viendo la posibilidad de que uno de sus hijos pudiera casarse con la hija del rey, les obsequió los más apuestos y hermosos caballos para que dignamente se presenten ante el rey.

Cuando estaban a punto de marcharse se presentó también el hermano menor, llamado el Tonto. Les preguntó:

— ¿A dónde van?

Ellos contestaron:

El burrito inteligente

Así me lo han contado. Un día, el borrico de un campesino cayó a un pozo. El animal comenzó a rebusnar fuertemente por horas, mientras el campesino trataba de hacer algo para salvarlo.

Después de tanto intento, decidió dejarlo allí pues el animal era viejo y, como la fosa estaba ya seca, necesitaba ser tapado de todas formas; que realmente no valía la pena sacar al burro del pozo; era una oportunidad para desacerse del borrico.

Entonces invitó a todos sus vecinos para que vinieran a ayudarle. Reunió a tanta gente que estaba dispuesto a colaborar en el entierro al pollino. Cada vecino tomó una pala y comenzaron con el oficio de enterrarlo al animal.

Depende de la forma

Un Sultán soñó que había perdido todos los dientes.

Después de despertar, mandó llamar a un Sabio para que interpretase su sueño.

¡Qué desgracia Mi Señor!, exclamó el Sabio, Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad.

¡Qué insolencia!, gritó el Sultán enfurecido,
¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí!

Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos.

Más tarde ordenó que le trajesen a otro Sabio y le contó lo que había soñado.