¡Cambiémos!

Frente a tantos agoreros y cantores de cataclismos, ruinas y muerte, esté mensaje quiere abrirte la puerta de la felicidad, sin optimismos dulzones de sacarina falsa.

Tú, yo y todos los seres humanos estamos anhelando en cada momento un poco más de felicidad.

Esto es alcanzable. Tú puedes ser un poco más feliz de lo que eres ahora.

Lo serás cuando vivas tu vida más plenamente. Cuando desarrolles lo que eres y puedes, más intensamente. Yo sé que cuando reflexiones y medites serenamente, descubrirás por ti mismo cosas más claras, luminosas y reveladoras de las que yo te digo.

No debes permitir que nadie haga por ti lo que tienes que hacer ti mismo.

No leas este mensaje una sola vez. Reléelo... y trata de reflexionar.

Que ese uno no seas tú...

Tres hombres fueron juzgados por el gobierno. Dos tuvieron un juicio justo. Uno no.

Tres hombres fueron castigados y golpeados. Dos se lo buscaron. Uno no.

Tres hombres cargaron sus cruces. Dos se las merecían. Uno no.

Tres hombres recibieron burlas y fueron escupidos todo el camino. Dos maldijeron y escupieron también. Uno no.

Tres hombres fueron clavados a las cruces. Dos con justa causa. Uno no.

Tres hombres hablaban mientras colgaban de la cruz. Dos peleaban. Uno no.

Tres hombres agonizaban en su abandono. Dos fueron abandonados justificadamente. Uno no.

Las ranas y el foso

Un grupo de ranas viajaba por el bosque y, de repente, dos de ellas cayeron en un hoyo profundo. Todas las demás ranas se reunieron alrededor del hoyo.

Cuando vieron cuan hondo era el hoyo, le dijeron a las dos ranas en el fondo que para efectos prácticos, se debían dar por muertas.

Las dos ranas no hicieron caso a los comentarios de sus amigas y siguieron tratando de saltar fuera del hoyo con todas sus fuerzas.

Las otras ranas seguían insistiendo que sus esfuerzos serían inútiles.

Creer intensamente

Creer intensamente en una meta constituye una de las fuerzas más poderosas del mundo.

Juana de Arco era una pastorcita de tan sólo 12 años cuando desarrolló la creencia de que ella encabezaría el ejercito francés en contra de Inglaterra.

La intensidad de su creencia era avasalladora. Cumplidos los 17 años se presentó ante el príncipe Carlos y le explicó su creencia; este quedo tan convencido que le dió una armadura y le encomendó el mando de un ejercito.

Acto seguido, Juana de Arco le puso sitio triunfalmente a la Fortaleza de Orleáns, hasta entonces supuestamente inexpugnable.

Tengo responsabilidades que cumplir

Tengo responsabilidades que cumplir hoy. Soy importante.

Mi trabajo es escoger qué clase de día voy a tener.

Hoy puedo quejarme porque el día está lluvioso, o puedo dar gracias a Dios porque las plantas están siendo regadas.

Hoy me puedo sentir triste porque no tengo más dinero o puedo estar contento de que mis finanzas me empujan a planear mis compras con inteligencia.

Hoy puedo quejarme de mi salud o puedo regocijarme de que estoy vivo.

Hoy puedo lamentarme de todo lo que mis padres no me dieron mientras estaba creciendo o puedo sentirme agradecido de que me permitieran haber nacido.

Hay que correr el riesgo

Reír es arriesgarse a parecer tonto.

Llorar es arriesgarse a parecer sentimental.

Buscar a alguien es correr el riesgo de involucrarse.

Expresar tus propios sentimientos es arriesgarse a ser rechazado.

Mostrar tus sueños a la gente es arriesgarse al ridículo.

E ir hacia adelante contra la suerte es arriesgarse a fracasar.

Una buena actitud

Cuanto más vivo más cuenta me doy del impacto que la actitud tiene sobre mi vida.

Mi actitud -para mí- es más importante que los hechos.

Es más importante que el pasado, la educación, el dinero, las circunstancias, los fracasos, el éxito, que lo que otras personas piensan, digan o hagan.

Es más importante que las apariencias, los dones o la destreza.

Levantará o hará fracasar una empresa, una iglesia, un hogar.

Lo admirable es que día a día es nuestra la elección de la actitud que asumiremos en respuesta a toda situación.

La vida te pagará lo que pidas

No hace mucho estuve en Boston. Una noche, después de dar una conferencia, salí a pasear por Copley Square. Contemplaba los edificios, que van desde los modernos rascacielos hasta reliquias tan antiguas como los Estados Unidos, cuando vi que se acercaba un hombre con paso inseguro y tambaleante. Por su aspecto, llevaba semanas durmiendo en la calle, apestaba a aguardiente y parecía no haberse afeitado hacía varios meses.

Me figuré que se acercaría a mendigar. El tipo se detuvo delante de mi y dijo: "Oiga, ¿no tendría un cuarto de dólar que prestarme?". Al principio me pregunté si sería oportuno premiar su conducta. Luego me dije que prefería aliviar su situación. En cualquier caso, un cuarto de dólar no supondría mucha diferencia, así que decidí al menos darle una lección. "¿Un cuarto? ¿No quieres nada más que un cuarto?". Y él respondió: "Sólo un cuarto". Eché la mano al bolsillo, saqué un cuarto y se lo di, diciendo: "La vida pagará cualquier precio que tu pidas".

El saco de plumas

Cuentan que una vez hubo un hombre, que roído por la envidia ante los éxitos de un amigo, le calumnio grandemente. Tiempo después se arrepintió de la ruina que había ocasionado a su amigo con las calumnias, y fue a confesarse.

Ya una vez en el confesionario y después de haber confesado su pecado, -pecado grave contra el séptimo mandamiento, como le dijo el confesor, pues Usted le ha robado a su amigo el valor mas grande que una persona tiene ante la sociedad, como son su dignidad, su reputación, su derecho a la buena fama y contra el octavo mandamiento, pues lo que Usted dijo de él son solo calumnias-, le pregunto al sacerdote: “¿Cómo puedo reparar todo el mal que he hecho a mi amigo? ¿Qué puedo hacer?”. A lo que el sacerdote le respondió: “Tome un saco lleno de plumas y suéltelas por donde quiera que vaya. Y una vez que lo haya hecho, vuelva. Y que Dios le acompañe”.

Uno cosechará lo que siembra

Una mañana una mujer bien vestida se paró frente a un hombre desamparado, quien lentamente levantó la vista... y miro claramente a la mujer que parecía acostumbrada a las cosas buenas de la vida. Su abrigo era nuevo. Parecía que nunca se había perdido de una comida en su vida. Su primer pensamiento fue: “Solo se quiere burlar de mi, como tantos otros lo habían hecho ...

"Por Favor Déjeme en paz !! gruñó el Indigente... Para su sorpresa, la mujer siguió enfrente de el. Ella sonreía, sus dientes blancos mostraban destellos deslumbrantes.
"¿Tienes hambre?" preguntó ella. "No", contestó sarcásticamente. "Acabo de llegar de cenar con el presidente ... Ahora vete."
La sonrisa de la mujer se hizo aún más Grande.
De pronto el hombre sintió una mano suave bajo el brazo. "¿Qué hace usted, señora?" -preguntó el hombre enojado.
“Le digo que me deje en paz” !!

Justo en ese momento un policía se acercó. "¿Hay algún problema, señora?" -le preguntó el oficial ..
"No hay problema aquí, oficial, contestó la mujer .. "Sólo estoy tratando de ayudarle para que se ponga de pie ...
¿Me ayudaría? El oficial se rascó la cabeza. "Si, el Viejo Juan, Ha sido un estorbo por aquí por los últimos años.

¿Qué quiere usted con él?" Pregunto el oficial ...